Los caracoles o se adoran o se detestan. No hay termino medio. Es un plato que a lo largo de los siglos ha despertado muy diversas sensaciones. Hoy os hacemos un breve resumen de la historia gastronómica de los caracoles.

Historia gastronómica de los Caracoles

Ya en la prehistoria se comían caracoles. Se han encontrado evidencias de cúmulos de conchas perfectamente limpias en cuevas prehistóricas. Es lógico, cazar un caracol resulta más fácil que un mamut.

En la antigua Grecia, eran apreciados como afrodisiacos y por los romanos también fue bien considerado. Por ejemplo, durante las guerras entre César y Pompeyo, los caracoles recogidos en el campo ya no eran suficientes, por lo que se empezaron a crear los primeros criaderos.

Después los romanos enseñaron a los franceses las delicias de los caracoles y estos no olvidaron la lección. Este afán por este pequeño molusco, llego a ser tal que el Papa Pío V, decidió que tenían que considerarse como peces para poder comerlos en período de cuaresma.

Sin embargo, en el Siglo XVII, en París, se generalizó el rechazó por el caracol, pues se pensaba que era comida de campesinos. No obstante, poco tardaron en volver a ser considerados delicatessen. En 1814, el chef del principio de Talleyrand, elaboro un suculento plato que los devolvió a los corazones de la aristocracia.

En definitiva, la carne de los caracoles es tierna y delicada. Son extremadamente versátiles y combinan muy bien con diferentes ingredientes: mantequilla, perejil y ajo o salsas de tomate, cebolla y anchoas.

Si sois de los que aman este producto, os esperamos en Pescados Charo. Si todavía no os habéis hecho a ellos, ¡Igualmente os esperamos!