El Cabracho es un pez con muchas espinas y, siendo sinceros, bastante feo. De hecho, antes de los años 70, momento en el que se popularizó el famoso pastel de cabracho de Juan Mari Arzak, era bastante despreciado por el consumidor. Hasta entonces, se utilizaba sobre todo en los pueblos costeros para hacer caldos y sopas de pescado. No obstante, su textura, carnosidad y sabor exquisito lo convierte en un pescado muy versátil con grandes posibilidades en la cocina.

Son peces rechonchos, con una piel de color rojo brillante y una carne blanca y deliciosa. Tiene muchas espinas, por dentro y por fuera, lo que lo convierte en un pescado difícil de manipular y limpiar. Nuestro consejo: déjalo encargado en la pescadería.

¿Respecto a como cocinarlo? Bien, si su destino es el pastel, se cuece en agua, antes de quitarle las espinas, con verduras. Sin embargo, la forma más fácil de disfrutar de este manjar es prepararlo en filetes a la plancha o a la brasa. El horno es también una gran alternativa y puedes aprovechar para hacer una guarnición de patatas y pimientos al horno.

¿Quieres innovar? Atento. Una opción más laboriosa y que requiere, quizás, algo más de paciencia, es desmigarlo para hacer bolitas con su carne. Se rebozan y a freír, sencillamente exquisito. ¡Ojo! también podéis freírlo entero, aunque requiere cierta destreza.

Por otra parte, como buen pescado de roca, el cabracho proporciona sabrosos caldos y sopas ¡No hay que olvidarse de su cabeza y espinas! Todo se aprovecha y todo está muy rico.